¿Como no conmovernos?, ¿Como no aterrarnos ante la terrible, infinita, lacerante tragedia de los Haitianos?.
Nosotros, los que vivimos de cerca aquel infausto jueves 19 de septiembre de 1985, en que la Ciudad de México fue victima de el gran terremoto, podemos tener una minúscula comprensión de lo que se vive en Haití en estos días.
México, sin ser un país rico, pudo sobre llevar las consecuencias de el terremoto mas o menos. Pero Haití es el país mas pobre, mas desprotegido de toda América y el drama se potencia, se acumula drama sobre drama, a la tragedia de sobrevivir todos los días se agrega una nueva tragedia traída por la naturaleza.
Y como siempre que cosas así suceden el ser humano saca de si mismo lo mejor y lo peor. Muchos países se vuelcan en ayuda al desamparado, México y sus ciudadanos entre otros. Y algunos mas medran con la desgracia ajena, aprovechan la coyuntura para escamotear algún dinero o seleccionar para ellos la ayuda en especie que se dona. Algunos otros, los mas poderosos, venden cara esa ayuda obteniendo concesiones de tipo económico o político. Aunque poco, muy poco hay para sacarle a este pobre país.
Mi recomendación es que si vamos a colaborar con algo para los Haitianos en desgracia, se haga por medio de una institución de reconocido prestigio internacional, como es el caso de UNICEF México (Dejo el enlace). Cuando menos nos quedara la certeza que lo que donemos será recibido por quien lo necesita.
Una plegaria por Haití
Ramón
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